Ahora que su principal atractivo –cinco nominaciones al Oscar que no prosperaron- ya no es tal, es posible ver con mayor claridad los méritos de esta cinta sobre las históricas entrevistas concedidas por Richard Nixon a David Frost en 1977. Los que han visto los extractos de esos diálogos en youtube pueden testimoniar su importancia. Se trata de la única instancia pública en que el renunciado presidente admitió sentirse culpable –por Watergate, por las grabaciones secretas, por la guerra sucia contra los medios- y más aún: pidió perdón. Claro, previo pago de una suculenta suma de dinero por un entrevistador que, hasta entonces, estaba más ligado al mundo del espectáculo que a la noticia dura. En el proceso, Nixon no se vuelve un monje ni Frost un sabio, pero el filme se arregla para quitarle sus respectivas máscaras a dos hombres que vaya cómo supieron llevarlas pegadas su piel.
Por Christian Ramírez
